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Diciembre

En Diciembre, mal andarás si no recogiste leña, diciembre de ajos y hielos.

viernes 29 de octubre de 2010

EL TERREMOTO DEL 1 DE NOVIEMBRE EN 1755 TAMBIEN SE NOTO EN LA SIERRA


El 1 de noviembre del año 1755 se produjo el terremoto más destructivo y terrorífico que hasta la fecha había azotado la península ibérica. Especialmente dañado resultó la ciudad de Lisboa, que quedó destruida casi en su totalidad.
Aquella jornada era sábado y festividad de Todos los Santos, según nos cuenta el historiador Fernando Rodríguez de La Torre, "hacia las diez de la mañana, las gentes estaban en las iglesias" celebrando la festividad cuando de repente notaron el estruendo horroroso. Miles de personas fallecieron al instante y el tsunami posterior que provocó el terremoto llegó a las costas de Cádiz, donde perdió la vida otro millar de personas, ya en el interior de la península se registraron numerosos daños y un terrible miedo que perduró durante años.
Durante aquel luctuoso hecho, España estaba regida por Fernando VI, quien, a través de su secretario de Estado, Ricardo Wall, ordenó la redacción de cartas donde se narrara el desarrollo de la jornada en todas las partes de España. Por este trabajo conocemos lo ocurrido el 1 de noviembre de 1755 en la Sierra del Segura. Como ha detallado Rodríguez de La Torre, se emitieron informes desde "Elchecico (incluía Ayna), Letur, Socovos y Bogarra" en los días posteriores a la tragedia.
En estos textos se explicaba que el seismo se había producido hacia las "diez y cuartos de la mañana", su duración fue de "cosa de cinco minutos aunque con intemisiones y descansos" y se describe como "como si fuera de pasar muchos carruajes". Igualmente, quienes elaboraron los informes, detallaron lo que pudo observarse durante el terremoto "los árboles de las huertas, sin percibirse algún aire, parecía se arrancaban y llegaban con sus ramas a la tierra" (...) "las aguas de una fuente las puso muy turbias, levantándola de su asiento a cuatro o cinco varas" (...) "el río se vió perder y sólo se veía por todas partes echar grandes olas de agua" (...) "hasta empezaron a tocarse las campanas". La población serrana, que en su mayoría se encontraba en las iglesias sintieron gran "conmoción y pasmo", "parecía se caía en un todo la iglesia con sus retablos con tal polvareda de sus movimientos". Varias casas se hundieron en Ayna y se registraron varias grietas en la iglesia de Socovos. El miedo entre aquellos antepasados debió ser brutal, más aún teniendo en cuenta que se encontraban en un acto religioso como Todos los Santos o Día de los Difuntos. Con toda seguridad, los vecinos salieron a la calle espantados, mientras algún sacerdote, como el de Bogarra, decía a sus feligreses "es causa superior lo que ha movido dicho terremoto, el que se asimila a las señales que dice el Evangelio precederán al día del juicio universal, pues otro igual no se ha experimentado". Lo cierto es que nada ocurrió después de aquello, solo oraciones, rezos y vigilias para que no volviera ocurrir. Tampoco antes del seismo se tiene conciencia de que nadie presintiera algo en la Sierra "ni menos he hallado persona alguna presintiese este fenómeno por señales o indicios". La historia de aquella mañana del Día de Difuntos de 1755 ha sido transmitida durante generaciones, de padres a hijos, dada la fuerte impresión que el seísmo provocó en los serranos de Albacete.